El viajar no es un placer

Fotografía: Eliana Waiser, 2016

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Por Carla Pelliza (@peqeniacaja)

Desde el 12 de abril el panorama cambió. La forma de entender los viajes incorporó una nueva variable. A los taxis, remises y combis se les sumó el famoso Uber. Las calles porteñas se inundaron de vehículos negro-amarillos con la leyenda “Fuera Uber” y las protestas de sus conductores pasaron a formar parte del panorama.

Podríamos preguntarnos por qué se generó tanta polémica. Los cambios en los usos y costumbres siempre marcan un antes y un después. El “antes” es el que siente el peligro de quedar en el olvido. Lo cierto es que no es la primera vez que una nueva modalidad de viaje se suma a nuestro mapa cotidiano. Las distintas épocas sociales marcan tiempos y necesidades propias, diferentes. ¿Eso quiere decir que todo lo anterior desaparecerá?

Por supuesto que hay que hacer una salvedad. El “peligro” aquí no pasa por “lo nuevo” vs. “lo viejo” solamente, sino que involucra presiones impositivas y de reglamentación que los taxistas deben cumplir y que Uber aún no cumple. Las idas y vueltas judiciales, los permisos y otras variables quedarán para notas informativas de periódico.

Vamos aclarando el panorama: entre ruedas y pantallas.

Para la receta de Uber hacen falta tres materias prima: el transporte, la necesidad de ser transportado y el smartphone. Atendamos a cada una de ellas.

Según números oficiales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, entran y salen de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires unos 220 mil pasajeros por mes. De este modo, entre 195 y 200 millones de personas se movilizan en los medios de transporte urbano y suburbano de la Ciudad de manera mensual. Según se estima, 26 millones se trasladan en subterráneo o premetro; otras 26 millones lo hacen en tren y el resto se traslada en colectivos. En cuanto a los taxis, circulan más de 38.500 por las calles porteñas. Este número arroja un promedio de un taxi cada 70 habitantes.

Por otro lado, no ha de sorprendernos la gran penetración de teléfonos inteligentes en nuestro país. La primera vez que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) comenzó a medir el parque móvil fue en 1993, cuando se registraron 77.313 celulares. Diez años después el número trepó a 6,7 millones.  En febrero de 2008 nuestro país alcanzó una tasa de penetración de 100%, es decir, una línea por habitante.  El año pasado, las estadísticas arrojaron la existencia de 62,5 millones de líneas de telefonía móvil activas, es decir, 1,5 aparato por persona.

A estas variables se le suma la cantidad de autos que ingresan a la Ciudad de Buenos Aires. Según Vialidad Nacional, por día circulan casi dos millones y medio de autos. Si lo multiplicamos por 30, el número es inmenso

A conectar las variables

El propósito de Uber es conectar a alguien que quiere trasladarse de un lugar a otro, con otra persona que lo quiere llevar en su auto particular. La conexión se realiza mediante una aplicación para smartphone. Los beneficios que plantea la empresa son la velocidad a la hora de solicitar un auto y el hecho de pagar con tarjeta de crédito, sin la necesidad de manejar efectivo.

Mariano Otero, CEO de Uber en el país, planteó que el Código Civil y Comercial establece que un prestatario y un prestador pueden establecer un contrato de transporte, y estas dos personas son privadas. “En las 400 ciudades que estamos, los taxis no desaparecieron”, aseguró.

Foto: Eliana Waiser (2016)
Fotografía: Eliana Waiser (2016)

El viajar no es un placer

No es la primera vez que una nueva forma de trasladarse por la Ciudad ingresa a nuestro mapa de posibilidades. El remís y la combi, hoy incorporados a nuestro imaginario, en un momento fueron disruptivos

En la Ciudad hay una ley que regula el servicio de taxis y una que regula el servicio de remises. Según datos arrojados por Omar Viviani, titular del Sindicato de Peones de Taxis, hay 1400 remises habilitados y cerca de 8 mil remises truchos, que no están habilitados. El mismo Viviani le solicitó al Gobierno porteño, entonces con Mauricio Macri a la cabeza, una “política de transporte” para “proteger la fuente de trabajo” debido a la falta de controles contra los “remises truchos”, la aparición de las bicitaxis “que no tienen ningún tipo de regulación”.

Otro de los medios que adquirieron relevancia son las combis. El año pasado se inauguró la terminal en el Obelisco y la administración porteña estima que son 550 las combis que operan de 27 empresas habilitadas, 7.500 los vehículos que la utilizan y 65 mil pasajeros diarios beneficiados.

Las combis ingresaron al mapa porteño en 1994, con la desregulación del mercado impulsada por Domingo Cavallo, que permitió el ingreso de nuevos actores al mercado. Por supuesto, este ingreso implicó la existencia de vehículos habilitados y no habilitados, como sucede con los remises.

Este servicio, sin embargo, no compite de manera directa con el taxi o remis sino que lo hace con los trenes y colectivos, encargados de recorrer distancias más amplias. Su incorporación a la lista sirve para ejemplificar que ninguno de los transportes “reemplazados” ha desaparecido.

Empalme

Con la llegada de Uber, los taxistas pusieron blanco sobre negro (¿o amarillo sobre negro?). El peligro de la continuidad de las fuentes de trabajo por la “competencia desleal” es el argumento. El cambio de época ha provocado que la manera de comprar, de buscar y de consumir ya no sea “pateando la calle” sino mirando la pantalla del celular. Se recorren más opciones en menos tiempo y sin el mismo esfuerzo. Las aplicaciones de compras y ventas, las que sirven para pedir comida o, incluso, buscar pareja han modificado el panorama. La bancarización -aunque no total- cambió también la forma de realizar pagos. Estas nuevas demandas y formas de manejarse obligan a que algunos sistemas más tradicionales se adapten a los nuevos tiempos.

Estamos siendo testigos de cómo se le exige a los taxistas que acepten pago con tarjeta de crédito o débito. Eso es por la irrupción de Uber. Seguramente habrá otros cambios, pero probablemente la esencia del servicio siga siendo la misma.

¿Desaparecer? Parece poco probable. ¿Regulación? Será una problemática que el Gobierno deberá atender y quienes decidan prestar el servicio, cumplir. Las legislaciones generalmente van detrás de las prácticas. Un uso y costumbre que no cambia.

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