La campaña en tiempos de grieta

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Por Mariano Parada López (@mparadalopez)

Era la misma y a la vez era otra. El acto de Cristina Fernández en Sarandí fue el comienzo real de la campaña para estas elecciones legislativas. Una pelea que tendrá su epicentro de altísima intensidad en la provincia de Buenos Aires.

Con una economía que no arranca pero con la promesa de un Paraíso terrenal en un futuro más o menos lejano, el oficialismo quiere consolidarse en la Casa Rosada. Busca demostrar que lo que pasó en 2015 no fue solo un buen momento sino el comienzo de una nueva era. Para eso, presenta al cuestionado Esteban Bullrich, en conflicto por la nunca convocada paritaria nacional docente.

El peronismo, por su parte, va en tres listas pero con cabezas de peso: Cristina, Massa y Randazzo, que se estrena en las urnas por primera vez en su carrera.

La grieta, más viva que nunca

Será, otra vez, un revival de la grieta entre kirchnerismo y macrismo. Y con una oposición dividida, se pondrá en juego cuánto sirven las PASO para el voto estratégico opositor que acomode los tantos.

Tanto Cristina como Macri tienen varias cosas en común: un núcleo duro que los acompaña y los considera casi infalibles. En el caso de los cambiemitas, el pavor hacia el kirchnerismo funciona también como un galvanizador del apoyo.

La falta de autocrítica es, también, un rasgo común de muchos seguidores. Si el país estaba cerca de alcanzar lo ideal hasta 2015 para algunos, para otros se trató de una tragedia única. Por lo tanto, nada de lo malo puede atribuirse a los errores del presente.

Hoy una vuelve al ruedo electoral, el otro no puede pero plebiscita su gestión. Luego de la inesperada jugada de salirse del PJ, el kirchnerismo apuesta todo a su carta más pesada. Macri, en cambio, contradice a su gurú ecuatoriano y pone las fichas en la “marca Cambiemos”. Todas las encuestas daban más intención de voto al oficialismo cuando se preguntaba por frente electoral que cuando se mencionaba a los candidatos.

Cristina deberá ratificar, así, lo que su militancia cree: que es una aplanadora electoral y que la elección de 2015 se perdió porque ella no podía ser candidata. Que es la candidata peronista con mayor intención de voto es seguramente cierto, pero que esté a la altura del 54% de 2011 hoy parece bastante difícil.

Macri, en cambio, tendrá que demostrar si es cierto que hay tanta esperanza en la población como asegura. ¿Ese “cambio cultural” que pregona llegó para quedarse o pasará como una moda?

El candidato es el equipo

candidatos de cambiemos
En Cambiemos, el candidato es el equipo (Foto: Gentileza Cambiemos)

La campaña se desarrollará, muy probablemente, como la imaginó un operador sciolista varios meses atrás al dialogar con este cronista: “Será el ajuste versus la corrupción”. El Gobierno querrá enrostrar todos los escándalos de corrupción vinculados a la anterior administración. El Frente de Unidad Ciudadana promete “frenar el ajuste” que los ministros avisan en on (y en off a los medios más cercanos) que llevarán a cabo luego de que pasen las elecciones. Todo sea porque el ajuste no haga enojar a la gente justo antes de ir a las urnas…

Ese deseo de cerrar las cuentas como sea no deja de generarle traspiés al oficialismo y sus víctimas. La quita sin aviso de más de 70 mil pensiones por discapacidad a solo cuatro meses de las elecciones fue solo una señal. En el horizonte amaga con llegar una reforma previsional.

El abanderado de la marca Cambiemos será el ministro de Educación Esteban Bullrich, un hombre poco conocido para el público menos politizado. Fue el coronel de la lucha del Gobierno contra los gremios docentes, a quienes responsabiliza de los problemas en las aulas. Pero aquí no será él el protagonista, sino la “marca” Cambiemos. “El candidato es el equipo”, podría decirse, en otro link entre ambos extremos de la grieta.

Divididos… ¿dominados?

En una jugada que sorprendió (y asustó) a propios, el kirchnerismo hizo lo que la Casa Rosada quería para estas elecciones: que el peronismo se siga atomizando. Así, la mayor parte de los intendentes y partidos aliados formaron el frente de Unidad Ciudadana y le dejaron a Florencio Randazzo el sello del PJ. Una movida que, por lo bajo, el peronismo considera arriesgada por la posibilidad de que el ex ministro le quite puntos vitales para salir primera en octubre. “Es lo que quiere la Jefa”, dice una fuente de uno de los partidos transversales del FUC.

La decisión de Cristina de no llevar en sus listas a ex aliados que se separaron en estos dos años fue clave para que decidiera ir por caminos separados. Así, los ahora indeseables (un grupo que incluía al Movimiento Evita, Julián Domínguez y Juan Abal Medina) deberán buscar su lugar en el Congreso por su cuenta y no se favorecerán del arrastre de la ex presidenta. Para aggiornarse, dejó de lado a aliados incondicionales, como Héctor Recalde, y presentó caras nuevas en la lista de Diputados. Además, cuenta con la vuelta sorpresiva de Jorge Taiana como compañero de fórmula del Senado.

randazzo candidato
Randazzo se la juega, entre acusaciones de “quintacolumnista” y ruegos para que vuelva al redil. (Foto: Gentileza Cumplir).

Candidato trunco en 2015, Randazzo se apoyó en el sector del peronismo bonaerense que más rápido se despegó de Cristina: algunos intendentes, el Bloque Justicialista y el Movimiento Evita. De kirchnerista paladar negro a “candidato de Clarín”, según las improbables especulaciones de los más adeptos a la ex presidenta que temían una estampida de votos anti K para que Randazzo dejara afuera de competencia a CFK en las PASO. Un nivel de organización que dejaría a Cambiemos en un cómodo tercer lugar y, por lo tanto, de difícil realización.

Ahora, Randazzo deberá circular por un fino carril entre la “ancha avenida” del massismo y el kirchnerismo light. A priori, una misión muy difícil y con mucho riesgo de diluirse cuando los votantes tengan los resultados de agosto como referencia para elegir de manera “útil” en octubre.

La pelea por el medio

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Massa hace su juego y sueña con repetir la performance de 2013. (Foto: Gentileza 1País)

En el medio, Massa presentó su alianza con Stolbizer. El ex intendente de Tigre busca mostrarse alejado de las políticas de austeridad (social) del macrismo y presentar una imagen más amigable con el votante que busca transparencia. La diputada denunciadora podría colaborar con ese fin.

Massa sobrevivió con cierto éxito la polarización del 2015 y, si bien no ganó, rescató unos 20 puntos que nadie esperaba. El nacimiento del Frente Renovador, en 2013, se dio con 42 puntos en la provincia de Buenos Aires. Sobre ese numeroso bloque negociador es que el tigrense muñequeó estos dos años con el Gobierno. Una mala performance le bajaría el precio en la discusión legislativa.

Lo que vendrá

Aunque se hagan muchas especulaciones, todos los escenarios dejarán ganadores y heridos de muerte: un triunfo de Cristina podría dañar esa imagen de “cambio cultural” que pregona el macrismo y poner un freno a sus planes de “profundizar el modelo”. Una victoria de Bullrich, en cambio, sería un espaldarazo para que la Casa de Gobierno continúe con sus planes y dejaría gravemente herida (políticamente) a la ex Presidenta.

Randazzo se juega una patriada y su apuesta es a futuro, pero ¿qué pasaría si su candidatura queda un cómodo cuarto lugar?

Es una elección legislativa, pero con candidatos de peso para una nacional. Un voto puede ser la diferencia clave entre ganar la provincia de Buenos Aires o no. Muy posiblemente, será un partido trabado, de esos que se ganan con una pelota parada. Que comience el juego.

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