Kirchnerismo y macrismo: ¿vinieron para quedarse?

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Por Mariano Parada López (@mparadalopez)

Cuando el país reventó por el aire a finales del 2001, el kirchnerismo solo existía en Santa Cruz. Mauricio Macri era el presidente de Boca y recién amagaba con meterse en política. Luego de 12 años de Gobierno K, la peor pesadilla para sus seguidores se hizo realidad: ese empresario es el nuevo inquilino de Balcarce 50. ¿Significa esto el fin del kirchnerismo como tal? ¿Quedó ahora un solo jugador en el ring?

En el peronismo, a partir de la derrota del 2015 se produjo una salida del closet. Juan Manuel Urtubey pasó de reivindicar el legado “de Néstor y Cristina” a decretar la muerte del kirchnerismo. Otros optaron por la más elegante opción de ser “garantes de la gobernabilidad”. El caso José López, con la pornográfica imagen de un ex funcionario revoleando dólares en un convento, pareció acelerar el quiebre definitivo. “Si no hacemos esto, el año que viene sacamos menos votos que Myriam Bregman”, decían por lo bajo. Esa división se mantiene como amenaza pero sigue sin concretarse. La foto de Scioli con Cristina en el Instituto Patria no hizo más que sorprender a varios.

¿El kirchnerismo como identidad política está muerto? ¿O esos votos siguen siendo importantes, por su cantidad, para derrotar al actual oficialismo? Y por otro lado, ¿qué es el macrismo? ¿Hay una definición por la positiva en la gente común, o solo es una consecuencia de la polarización K/anti K?

Los nuevos polos de la política argentina

La última encuesta de la consultora Ibarómetro marca que el macrismo (29,6%) y el kirchnerismo (27,1%) son las dos identidades políticas más representativas. Están muy por encima del massismo (10,9%). Los dos partidos principales de la historia argentina, UCR y PJ, quedan a la retaguardia: 2,6 y 4,6%, respectivamente. Otro sondeo, pero de Poliarquía, arroja números similares. En este caso, el 27% se autopercibe como macrista, mientras que el 24% dice ser kirchnerista.

Ya sea en las “Plazas del Pueblo”, en las redes sociales o donde sea, la militancia kirchnerista se hace sentir. Una base social envidiable o una minoría ruidosa (algunos detractores la describen como “una secta”) el kirchnerismo sigue presente en la calle. Incluso en muchos de sus críticos, que lo siguen teniendo presente, discurso de herencia mediante.

Hay una organización que trasciende la cuestión partidaria. Desde el grupo Resistiendo con Aguante de la Ciudad nos contaron que “de a poco fuimos pasando de lo virtual al trabajo territorial. Nos nucleamos por comuna, tenemos comisiones de trabajo”.

Para el politólogo de la universidad de Lisboa Andrés Malamud, el kirchnerismo sigue-todavía-con vida. “Es una identidad política intensa que marcó la etapa formativa de alguna gente y regenerativa de otra”, explica a Notas al Pie. Sin embargo, luego aclara que “será minoritaria y con expresión electoral limitada”. 

El dilema Nac&Pop
La Marcha de la Resistencia, convocada por las Madres de Plaza de Mayo y que contó con agrupaciones kirchneristas
La Marcha de la Resistencia, convocada por las Madres de Plaza de Mayo y que contó con agrupaciones kirchneristas

Nació al calor de la transversalidad, cuando el peronismo se abrió a alianzas por izquierda. En el FpV hoy conviven Nuevo Encuentro, el Partido Humanista, el Frente Grande y hasta el PC. Ese electorado paladar negro es fortaleza y debilidad. Un segmento bien diferenciado y monolítico pero que dificulta a la hora de querer seducirlos y, a la vez, atraer a los apáticos de la política. Eso es lo que observan quienes pretenden diferenciarse para ir a pescar fuera de la pecera lo que haga falta para que el PJ vuelva a ganar, vaya a saber uno con qué lider.

Si esa identidad no se licúa, la división del PJ sería una jugada arriesgada, sobre todo si se quiere derrotar a Cambiemos en la provincia de Buenos Aires. Malamud es más pesimista para los K: “Falta tiempo, y no mucho, para que esa identidad se diluya. La mayoría se quedará con el peronismo; otros, con opciones más testimoniales, como Sabbatella”.

Como el kirchnerismo en su etapa fundacional, donde se construyó como oposición al menemismo, los seguidores del PRO se referencian en el contraste con el anterior Gobierno. Para Malamud “La grieta kirchnerismo vs antikirchnerismo se irá disolviendo en los próximos meses y macrismo vs antimacrismo tomará su lugar”.

Desde RcA aclaran su postura de cara al futuro: “Cualquier dirigente que lleve adelante verdaderamente un proyecto nacional, popular y democrático es un candidato posible para nosotros”.

¿Nueva? derecha o partido postideológico

PRO militante

El macrismo, como remarcó el libro “Mundo Pro”, es un hijo del 2001: juntó retazos del PJ porteño, la UCR, las ONGs y partidos de derecha tradicional. A su vez, sumó a los empresarios que decidieron meterse en política. Su base de apoyo es un corte vertical, pero más acorde a los partidos de centro derecha. En las últimas elecciones, ganó en Lugano y en Recoleta, pero en el segundo caso llegó a sacar los dos tercios de los votos.

Otro libro que saca una radiografía de la campaña 2015, Cambiamos, también da cuenta cómo la clase media baja y los jóvenes fueron clave. Gente que, como describió Durán Barba, “le gustaba el modelo pero no la gente que lo encarnaba”.

Con el macrismo en el poder, sus seguidores más intensos se hicieron sentir. Hace pocos días que organizaron una marcha en su apoyo ante lo que consideran intentos destituyentes del kirchnerismo. Otro double-check entre ambos lados de la Grieta. Un discurso republicano y honestista y el desprecio a cualquier intento de Estado de Bienestar aparecen de forma recurrente.

¿Qué pasará cuando el macrismo tenga que buscar su identidad por la positiva? En resolver este dilema estará gran parte del futuro de esta experiencia política. Necesita, más que nunca, que la economía arranque para tener futuro y no volver, como hoy el FpV, al llano.

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