Femicidios: 100 veces no debo

Tratamiento digital: Sebastián De Toma

Por Sebastián De Toma (@sebadetoma)

A continuación, expongo algunos pensamientos al tun-tun en torno a los femicidios, las coberturas periodísticas y las opiniones que leí sobre el asesinato de Micaela García (y otros) en las redes sociales. Vale aclarar que cada uno de estos puntos tienen su correlato en opiniones que leí en Facebook y Twitter en estas últimas horas, y más a partir de que fue encontrado el cuerpo de García. No repongo dichas opiniones y muchas notas periodísticas que dan vueltas porque creo que no vale la pena darles publicidad (pero creo que surgen, por oposición, en el punteo que sigue):

  • Es importante donde la encontraron y donde fue vista por última vez, pero no que estaba haciendo. La pregunta que hay que hacerse es ¿la noticia es el asesinato o si salía a la noche? Y la respuesta es obvia (por las dudas: la noticia es el asesinato). Su vida privada no da nada de contexto. Todos salimos a la noche, tomamos cerveza y volvemos tarde a nuestras casas (o lo hicimos). Ya que estamos: cuando usan una foto de las redes sociales, hay que dejar que el buen gusto prime sobre la necesidad de tener clics (cada uno sabe lo que quiero decir).
  • No hay merecimientos en un asesinato. Nadie, ninguna persona, sale de la casa diciendo “me voy a vestir así o asa” o “salgo a tal hora y paso por esta calle, que está reoscura” y piensa que lo van a asesinar. El asesino no es más ni menos asesino si la chica tenía la pollera más o menos corta o si iba a la escuela o no o si se sacaba buenas notas o no. El equivocado es el victimario, no la victima. ¿Por qué? Porque matar está mal. Suena simple, parece evidente, pero se escuchan muchos peros por ahí. No sé nada de teorías de género o feministas y sin embargo, si cada vez que una mujer muere, el primer impulso es decir “pero salía la noche/estaba en un lugar peligroso/se juntaba con personas indeseables”, entonces le estamos echando la culpa a la víctima. No hay peros posibles, no hablamos del robo de medio kilo de pan en la panadería.
  • Otra obviedad que se cae de madura: las marchas #NiUnaMenos no tienen la “culpa” de estas muertes (no repito femicidios todo el tiempo para, justamente, no repetir: lo son, por si no quedo claro). Si tienen la “culpa” de algo, es de sensibilizarnos y mostrarnos que es un fenómeno recurrente. No es que hay más muertas… es que ahora nos enteramos. Porque la noticia es, también, un negocio. Y (o)porque estamos más atentos. Me pueden caer mejor o peor algunas de las personas que las organizan pero: 1) eso es lo de menos, y 2) está claro, por la masividad de estas marchas (y no solo acá en la Argentina), que superan ampliamente a sus organizadores. Son un reclamo social.
  • ¿Las marchas #NiUnaMenos son políticas? Sí, claro. No protestar también es una decisión política porque, y sin entrar en cuestiones teóricas que no vienen al caso, se está tomando una posición ante hechos que ocurren en la sociedad en la que uno está inserto. Todo lo que hacemos en esta vida en sociedad es político, desde la ropa que elegimos o podemos usar hasta la manera en que nos tratamos.
  • Y, antes de que me empiecen a tirar dudosas cifras por la cabeza de que mueren más hombres que mujeres, diré lo siguiente: es femicidio cuando las mujeres son asesinadas, justamente, porque son mujeres. Cuando la muerte ocurre por razones de género. Muchas veces el femicida es un conocido: un novio, un marido, un vecino, un familiar; muchas otras, un desconocido. Todos ellos la tienen más fácil porque viven en una sociedad machista.

La imagen que ilustra esta nota de opinión fue realizada a partir de la imagen de la campaña “Say no to women violence”, de Alemania, que puede encontrarse acá. Gracias Paz, Yasmín y Giuliana por la lectura atenta y los comentarios enriquecedores.

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