Celina Abud: “Es difícil encontrar alguien con quien hablar”

Tratamiento digital: Lucìa Molina y Vedia

Por Anahí Pérez Pavez  (@anahpavez)

ALGUIEN CON QUIEN HABLAR es el primer libro de relatos de la periodista, escritora y cantante Celina Abud (1978, Buenos Aires) publicado en abril por Editorial Crack-up. Si una miscelánea de talentos es a veces un filo cuyo peligro es diluir la energía, la autora sale airosa con esta obra que narra bien las insatisfacciones de los treinta y cuarenta. “Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz”, dice el epígrafe de Leonard Cohen y suena a promesa.

Abud cumple al reparar en los intersticios. Allí donde el sentido se escabulle Celina pone música, sofisticación y humor; ahí donde algo duele aparece la pregunta por los mandatos, el esnobismo, los símbolos, el paso del tiempo y sus significados. Si todo va rápido y en el destino del viaje nada importa y todo se olvida, acá alguien escuchó las dudas el “preferiría no hacerlo”.

¿CÓMO ESTRUCTURASTE LOS RELATOS Y POR QUÉ?

En Hace cuánto que nos vemos, el primero, me  basé en una lectura de juventud, que fue Rosaura a las diez, en donde varias voces hablaban de Rosaura, pero lo apliqué a relaciones. Son cinco personajes que hablan sobre Florencia, una chica normal que de alguna forma los marcó. Quise reflejar los amores en las distintas etapas de la vida. En el segundo, Las agujas, busqué investigar el tema de los tatuajes y hablar de la amistad masculina. Son dos chicos que se juntan a hacer una tesis, uno tiene 40 años y el otro veintipico. Al estudiar se dispersan y hablan de lo que les pasa y de los tatuajes. Es una especie de alegoría de las marcas de la vida y de cómo se va transformando la visión que tiene cada uno acerca de lo permanente, de lo cultural, de lo contracultural. ¿Es frívolo un tatuaje o no?, ¿cómo lo ven dos generaciones distintas? Quise mostrar ese choque generacional y en lo estructural jugar con cómo es escribir sin un narrador, como lo había hecho Puig pero con una temática distinta. El último, que da nombre al libro, lo quise hacer más a lo Emmanuel Carrere. Es el que tiene más tintes autobiográficos y fue un experimento que planteé y terminó siendo cualquier otra cosa. Vi esvásticas en mi ascensor, pegué stickers sobre ellas y me hice preguntas. Como toda búsqueda uno termina encontrando otra cosa, quise jugar con lo que es la incomodidad, tanto de quien mira una esvástica como de quien la dibuja.

LA PREGUNTA SOBRE EL AMOR QUE SE ESCAPA ATRAVIESA A TODOS, ¿POR QUÉ? 

No sólo el amor se escapa sino la definición del amor. En un momento Florencia -la narrada por diferentes amantes- se pregunta qué es el amor y por qué persiguió algo que no sabía qué significaba. Creo que un poco nos pasa a todos eso de que se nos escapa la definición o está en constante cambio. Yo no sé qué hubiera sido de este cuento si lo hubiera escrito a los 60 o a los 18, lo escribí a los 35, pero creo que lo que quiero reflejar es ese movimiento. Físicamente el amor se nos puede escapar, o se puede quedar por una ratito y lo mismo pasa con el lenguaje y con la definición del amor. Muta.

ACERTÁS CON ESTO DE LO EFÍMERO DE LOS SIGNIFICADOS, DE CÓMO PASA EL TIEMPO Y LAS COSAS NO SIGNIFICAN LO MISMO. ESTÁS HABLANDO DE LA PERMANENCIA DE LAS IDEAS, DE CUÁNTO NOS DURA CREER EN ALGO, PENSARLO. SI VAMOS A LAS AGUJAS: ¿TE PARECE QUE HAY UNA INTENCIÓN DE CAPTURAR ALGO QUE SE ESTÁ ESCAPANDO EN EL TATUAJE?

Vivimos en una época vertiginosa en donde las ideas y los discursos se superponen. La tecnología nos va aplastando, nunca llegamos a alcanzarla, y quizá vamos olvidando las ideas de la cultura, del amor, de lo que venga, porque inmediatamente hay otra cosa que le sigue. Uno de mis personajes, el más chico, ve al tatuaje como un testimonio. En una época en que todo se olvida y se borra, un tatuaje es “algo pasó por acá y me quedó en el cuerpo y doy testimonio de eso”. Ahora que todo es tan efímero y a veces descuidado, el tatuaje queda.

EN EL ARMADO DE ALGUIEN CON QUIEN HABLAR ALGO DE ESO HAY, ¿POR QUÉ TE SURGIÓ? 

A veces pasa que uno habla todo el día con gente, pero, ¿con quién uno habla? Hablar, subrayado y con resaltador, con muy poca gente. Hay momentos en que uno tiene una alegría, o una tristeza, y no sabe a quién contársela. En estos momentos donde la información satura, el dolor también. Es difícil encontrar alguien con quien hablar, compartir tu dolor, tu incomodidad o incluso tu felicidad.

LOS INTERLOCUTORES QUE ELEGISTE EN ESE CUENTO FUERON TAMBIÉN PERSONAS QUE CONSTRUYEN SENTIDO, QUE IMPARTEN: “BUENO, ESTO ES UNA VERDAD, HAY QUE PROTEGER ESTE SÍMBOLO”, EN EL CASO DEL RABINO. Y EN EL CASO DEL ESCRITOR ES EL QUE DOCUMENTA ESO…

Eso lo narro medio hacia los costados. Hay mucho sufrimiento alrededor de mucha gente al que no le encontrás sentido, entonces hablar con alguien que te pueda dar un sentido es muy tranquilizador, por más que no sirva para tanto más que para tener un testimonio de alguien que estudió determinadas cosas o que forma un discurso que mucha gente sigue, sea un religioso o un escritor.

ALGUIEN CON QUIEN HABLAR ES UN GRAN TÍTULO, TIENE QUE VER CON LA FUNCIÓN DE LA LITERATURA, SI LA TUVIERA. CON LOS LIBROS UNO PUEDE TENER CHARLAS MUCHO MÁS INTERESANTES. RESPECTO DE LO QUE SEÑALÁS SOBRE ENCONTRAR INTERLOCUTORES: SI CON UNA MAYORÍA HABLAMOS DEL CLIMA, ¿A LA LITERATURA LE PEDIMOS UN POCO MÁS PORQUE NECESITAMOS UN POCO MÁS? 

El otro día un editor puso en su Facebook “mejor libro que mal acompañado” y esa frase me pareció alucinante. El título nuclea a todos los cuentos y me pareció que no sólo está en el diálogo sino en que todos mis personajes quieren imponer su voz, sus ideas.

HAY PERSONAJES QUE HABLAN PERO TAMBIÉN HAY OTROS QUE NO ESCUCHAN, COMO EL ARQUITECTO DEL PRIMER CUENTO. ¿A VECES UNO ESTÁ TAN ENCERRADO EN SÍ MISMO QUE NO ESCUCHA AL OTRO Y NO HABLA CON NADIE EN REALIDAD? Y ESE PERSONAJE ES EL QUE TIENE UNA IMAGEN MÁS SUPERFICIAL DE FLORENCIA Y ELLA LO RECHAZA…

Es que en su primera cita nunca habló con Florencia y por eso lo rechaza. Pasa mucho hoy con los recursos tecnológicos. No uso Tinder por ahora pero es como que la gente lo único que hace es mandar la foto y quizás les importa más mandar la foto de lo que están haciendo, los piecitos sobre la cama mirando la Champions, que realmente ver lo que la otra persona le puede decir.

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