Juan Terranova: “El amor siempre es precario”

Fotografía: Juan Terranova (Twitter) y Editorial El Cuervo. Tratamiento digital: Lucía Molina y Vedia.

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Por Anahí Pérez Pavez (@anapavez)

Juan Terranova nació en Caballito en 1975 y desde sus inicios en la literatura fue señalado como una joven promesa de la nueva narrativa argentina. Casi 20 libros después este escritor hoy maduro publica El amor cruel, un conjunto de relatos que salió este mes por la editorial boliviana El Cuervo y dispara preguntas que reafirman su tuit fijado: “Todos queremos amor todo el tiempo”. Un lustro luego del polémico “pijazo” —palabra que le valió la pérdida de un trabajo y la condena del feminismo cuando apareció en su columna de El Guardián— regresa para hablar de algo que conoce mucho, tanto como nosotros, pero esta vez lo escribe con tal elegancia, higiene, técnica y precisión, que lo devuelven al sitio del que no tendría que haberse corrido: el de escritor sin pudor. Notas al Pie lo entrevistó a propósito de su último libro sin dejar de lado su visión sobre las redes sociales y el peronismo post derrota electoral.

¿Por qué ofrecer historias de amor?

Todos estamos ante la trampa del amor, creemos que es positivo y después tiene otras aristas. No me parece que podamos escapar. El libro son todas historias de amor. Creo que las hay de dos tipos: de amor y de guerra. Si descomponemos las historias que conocemos llegamos a dos instancias últimas, enfrentadas. Las historias de guerra pueden ser historias de política, de experiencia, de disputas, y las historias de amor son historias donde el hombre ama. Después se pueden hacer muchas combinaciones. Creo que en todos los cuentos hay encuentros y desencuentros. La parte de los encuentros sería la parte del amor y los desencuentros, serían la parte del amor frustrado.

¿Esto del amor frustrado lo ves como un rasgo de época?

Vivimos una época muy liberal donde el amor está muy evanescente. Sí, obviamente son relatos que hablan de una época pero no estuvo en mi idea. Yo me manejé con la idea de escribir y compilar historias de amor, de encuentros, desencuentros y sus variantes. Y después hablo de otras cosas, ¿el amor está lleno de otras cosas, no? Hay un relato que me gusta mucho, que es un tipo que está obsesionado con la electricidad, con la historia de la electricidad y habla por teléfono con una chica que no sabemos si es su novia, o si no y deciden encontrarse y van a un videoclub que está cerrando. Se llama El Sr. Electricidad. Entonces caminan por la calle, van al videoclub, entran, salen, hablan. Y es un relato que me parece que está hablando de eso, de compartir ciertas cosas. Que el amor por ahí está en la calle, en compartir ciertas charlas, en la cosa más cotidiana, en las obsesiones de cada uno. El amor siempre es efímero, no hay un amor eterno, un amor que se instala. El amor siempre es precario. Puede tener más o menos continuidad, siempre es algo que se está construyendo en el momento, por eso es tan complejo.

¿Un objeto que se escapa?

Siempre se escapa, sí.

¿Y ahí está lo cruel?

Creo que el amor bien entendido ya en su presencia está conmocionando todo de una manera tan fuerte que puede ser en su ausencia más fuerte aún, entonces siempre tiene un rasgo de crueldad. Lo pongo en la contratapa, “Amar nos desestabiliza, nos hace vulnerables y nos compunge. Más allá de si somos correspondidos o no. Lejos del oxímoron, el amor cruel es una serie de historias donde el amor puede ser de muchas formas pero nunca nos deja indiferentes. Me gustaría que este libro sea percibido como esos carteles en la ruta que dicen “cuidado camino peligroso” y frente a los cuales uno no puede más que acelerar”. Creo que la contratapa está muy bien escrita, mejor que el libro.

¿Uno no puede más que acelerar? ¿Seguir de largo? ¿Huir?

No, al contrario. Va hacia el amor.

¿Pero el amor no te pone un poco ante la muerte?

No, la muerte es la estabilidad. Si vas hacia la muerte vas hacia la revelación última, hacia la estabilidad total. Si vas hacia otra persona con la que tenés una relación amatoria vas hacia la inestabilidad, no sabés que puede pasar nunca. Y sabés que vas a ir a la pérdida, que por más que vos pongas todo, va a haber una pérdida, va a haber algo que te va a lastimar, que te va a venir de vuelta. Esa es. Es en contra de Disney. Disney es, bueno, llegan a una instancia, después de muchos episodios en las cuales los personajes se casan y son felices y en realidad funciona al revés: son felices y se casan. Me parece que justo donde para Disney es donde me gustaría que empiece mi libro.

¿Qué pasa con la ansiedad que aparece durante el amor y cómo nos sirve la tecnología en esos momentos?

Hay una biografia de Dave Navarro, el guitarrista que tocaba con los Red Hot Chili Peppers y estuvo casado con Carmen Electra. Escribió una anécdota que es muy buena donde cuenta que contrató a una prostituta que era groupie de Jimmy Page porque él quería estar con la mujer con la que había estado Jimmy Page. La frase es buenísima: “yo quería entrar en la mujer en la que había estado Jimmy Page, quería estar donde había estado mi ídolo”. En un momento el tipo dice “pero al final, todos te aman, todas las groupies, todo, la fama, pero al final el único que viene siempre cuando lo llamás es el pibe de las pizzas”. Y me parece una declaración de amor muy buena. Y le dedica el libro al pibe que le lleva las pizzas en Los Angeles.

¿Y por qué te hace sentido eso?

Porque tiene mucha razón, al final estamos solos y los únicos que funcionan son esos mecanismos súper precarios como YouTube en los que uno encuentra esos pequeños momentos de satisfacción.

¿No es medio conformista?

Al contrario. Conformista sería decir “está todo bien”, nos encontramos con todo el mundo, nos amamos con todos.

En relación a esta idea de la precariedad que salvan las redes sociales: ¿cómo ves al periodismo hoy?

Mal, mal, mal. Es mucho más interesante Twitter que cualquier diario. Creo que las redes sociales están en lugar del periodismo.

Aparte el periodismo empieza ahí, en las redes, en Twitter.

Empieza y termina ahí. Si vos querías saber qué pasaba en una sociedad hace 25 años tenías que ir a los diarios y los diarios te contaban qué pasaba en ese momento en la sociedad. Es al día de hoy que eso también funciona así. Pero los diarios son una cosa toda dura, lenta, estreñida. En cambio, todo el tema de la información pasa por las redes sociales, Facebook, Twitter, Instagram, Youtube. Yo soy muy fan de YouTube como una red social. Después, por supuesto, hay momentos de lectura más recogida, en la web misma, pero no están en los grandes diarios.

En las redes manifestás una identificación política más concreta que antes. ¿Te afiliaste al PJ?

Sí. Siempre la tuve, en varios proyectos. Siempre mal, sin encontrarme, tratando de dialogar con el progresismo y ahora dejé caer de una vez por todas la fantasía del progresismo y de la razón y del diálogo y me encuentro con que el PJ es una maquinaria electoral aceitada donde puedo dialogar con gente que me entiende mejor.

¿Con quiénes?

Gente más ligada al nacionalismo, que critica al progresismo, esa cosa blanda. Gente que entiende que lo blanco es blanco y lo negro es negro.

“La única verdad es la realidad.”

Sí, yo me encuentro en el PJ. Me encuentro hablando. Es difícil porque estar en política es difícil, porque hacer algo político es difícil hoy y siempre. Es verdad lo que decís, me fui encontrando. Pero siempre dialoguista. No voy a dejar de lado mis lecturas de la UBA. Nunca voy a dejar, por ejemplo, para mí El fetichismo de la mercancía y su secreto, de Marx, es un texto que está bien, que es de referencia universal.

Justamente para mí donde hace ruido el peronismo con lo que sos, que está bueno porque es un desafío para la nueva etapa que le compete tanto a los peronistas como al resto del arco político, es en el antiintelectualismo.

Eso es un prejuicio del prejuicio. Yo creo que el PJ no es antiintelectual, más bien al contrario.

¿Y todo el agite, el aguante, de la idea peronista?

Pero eso está en el movimiento, no está en el partido. Está en la cosa más movimientista, más en La Cámpora. Que también es parte del peronismo, una parte muy importante.

¿De La Cámpora qué pensás?

No conozco o lo que conozco es muy fragmentario. Me parece que es una agrupación muy fuerte, pero siempre vivió del favor político de Cristina. Y ahora se va a ver qué es lo que puede dar como agrupación sin estar en el Estado. Y lo que yo estoy viendo es que los pibes que están ahí adentro siempre estuvieron bajo el ala de mamá, que pagaba los cheques, que te empleaba en el Estado, que te daba un sueldo que te permitía militar y ahora la tienen que hacer sin todo eso y bueno, yo espero que realmente subsista, hay mucha gente a la cual quiero mucho ahí adentro, pero tiene muchos vicios de haber estado siempre corriendo con el caballo del comisario. Entonces ahora empieza la verdadera etapa.

¿Y en tu identificación peronista qué lugar ocupa Malvinas?

Cuando llegué al museo Malvinas dije “bueno, ahora en este lugar voy a poder ser nacionalista sin pudor”.

¿Sin que te digan nazi? ¿Quizá en la época progresista si eras nacionalista eras nazi?

Claro.

Pero vos coqueteabas un poco con eso del nazismo, con la simbología presente en uno de tus libros por ejemplo.

Con el nacionalismo argentino, con el nazismo no. Nunca tuve ninguna filiación. Me interesa como a cualquier escritor que mira al siglo XX y en el centro está. Ahora volví a estudiar alemán pero no por eso siento que sea nazi. Creo que la cultura alemana es muy rica y de todas las contradicciones de la cultura alemana se puede aprender muchísimo, pero esto es otra cosa.

Y estás escribiendo una novela sobre Malvinas.

Sí, sobre Malvinas pero no sé qué visos le voy a dar. Quiero escribir más sobre el Atlántico Sur, eso sí, sin duda. Me parece que ahí hay algo y Malvinas es central. Estoy escribiendo sobre Malvinas pero quiero que sea una novela no como Los Pichiciegos, no quiero hacer una novela de Malvinas, aunque quizá termine siéndolo, no sé.

Tenés una fijación con los rinocerontes, ¿por qué?

No sé.

¿Pero si hacés un ejercicio con la imagen? El rinoceronte es un animal de una velocidad lenta, un volumen grande y ese gran cuerno como una cosa fálica, que a veces tiene que llevar a cuestas, con lo que implica.

Pero no le cuesta llevar el cuerno, ¿o sí?

Lo tiene. No le queda otra. Es su naturaleza. ¿Si lo tenés que poner en palabras qué es ese símbolo para vos?

Sí, está bien. Son muchas preguntas en una, es por ahí seguro, pero no lo veo como un peso. Me gusta que me parece un animal muy tierno, que está en extinción, que lo matan para sacarle el cuerno porque se piensan que si lo pulverizan y se lo toman se les para. Tengo recuerdos muy tempranos, una vuelta compré uno y sentí que era un animal que me identificaba, pero no solamente por el falo, también por esto que decís. Que es como grande, lento. En los noventa había toda una cosa, de “todo tiene que ser liviano, frívolo, portable”. Nada tiene que ser….

Contundente.

Claro, entonces eso me gusta del rinoceronte, que es un poco malhumorado también, a veces. Que está solo y tiene un poco ese look, pero en realidad no es tan así. El tipo es mucho más generoso y más tierno de lo que parece. Y parece tan intimidante, pero finalmente no lo es. Como que tiene un gran corazón. Tiene como una cosa del amor cruel el rinoceronte. Tiene como un destino trágico de extinguirse y de ese cuerno que parece una cosa agresiva pero en realidad el tipo no es agresivo, come pasto.

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